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El paso del DVD al streaming trajo ganadores y perdedores a la industria del vídeo.

Blockbuster, gigante en los 90 de la distribución de películas en modo alquiler estuvo entre los damnificados.
Su visión quedó reducida a las cuatro paredes de sus videoclubes. El mundo cambiaba, ellos no.

En paralelo, en 1997 una pequeña compañía comenzaría a alquilar películas a través del correo postal.
Y diez años después sumaría a la distribución de sus contenidos la tecnología streaming.
Hoy Netflix ha superado los 125 millones de suscriptores y, a la vez que difunde, produce sus propios contenidos.

En el otro lado, Blockbuster echaba el cierre en 2013 al último de sus videoclubes.
The streaming killed the video star.

netflix

La anécdota ilustra los dos frenos a la innovación que Boston Consulting Group (BCG) describe en su informe de 2018 sobre las compañías más innovadoras: tener miedo al cambio y no cambiar a la velocidad suficiente.

Y el principal riesgo de no hacerlo pasó factura a Blockbuster, al comercializar un producto (DVD) que ya no reclama el mercado.

Líderes del cambio: rápidos y digitales.

Invertir pronto y con fuerza en innovación digital son dos factores que según BCG permiten capear con éxito el tsunami de disrupción digital.

Estas compañías líderes asumen lo digital como parte de su piel y estructura, de lo que son y hacen.

Apuestan por la adopción temprana de las nuevas tecnologías en el momento de su despegue (veáse Netflix y el streaming al popularizarse la banda ancha), por el big data, los productos móviles o el uso de plataformas y comunidades tecnológicas.

Y como parte de ese proceso de mimetización tecnológica, crean a su alrededor una potente cultura de innovación digital, sea a nivel interno o a través de la colaboración con sus stakeholders (clientes, proveedores…) mediante la innovación abierta.

Con ello invierten en velocidad: su ecosistema de colaboradores les permite captar más ideas y hacerlo más rápido; prototipan, testan con propios y ajenos e iteran las veces que haga falta.

En el proceso, se sirven de los inputs y datos generados en tiempo real por sus colaboradores (entre ellos, sus propios clientes), que entran en el ciclo de la innovación desde la fase de generación de ideas hasta su materialización en productos mínimos viables (MVP).

En resumidas cuentas, la cultura de estas empresas líderes les lleva a innovar, bajo la premisa de que no hay mayor riesgo que no hacer nada.

Tanto es así que la capacidad continua de iteración no sólo afecta a un producto concreto, sino también a todo el modelo de negocio, así se entiende que por ejemplo Amazon no se conforme con vender libros o películas online, sino que también quiera llenar nuestra nevera de productos frescos.

¿Cuál será el siguiente paso de Netflix?¿Terminará convertida en un Blockbuster al ser sobrepasada por un competidor aun en ciernes?.

Parece difícil saberlo, si bien en todo caso la respuesta no pasa por pulsar el botón Pause.

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