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Cuando tratan de incrementar su capacidad de innovación, muchas organizaciones ponen el foco en la producción y gestión de nuevas ideas.

Sin embargo muchas olvidan que, si bien la solución está en ellas, antes de idear es necesario identificar los problemas que la innovación puede resolver.

apostar por una gestión amplia de ideas no siempre es sinónimo de innovación

Innovación, una cuestión de gestión de ideas con propósito

La vocación de generar muchas y nuevas ideas también puede hacer que soluciones propuestas anteriormente no sean tenidas en cuenta.

Este artículo publicado en HBR.org destaca el caso de Kodak, cuyo laboratorio de innovación prototipó en 1975 el primer esbozo de la futura cámara digital. La idea se encerró en un cajón y Sony, años después, le ganó la partida en el mercado.

La anécdota pone de relieve la necesidad de contar con sistemas corporativos para la captación y gestión de nuevas ideas, que permitan:

a) generar un gran volumen de nuevas ideas en una organización, garantizando la visibilidad de todas ellas.
b) cribar entre las buenas y malas, según su factibilidad en varios términos (coste, beneficios o tiempo) y acople a las necesidades de la organización.
c) evitar que las mejores se pierdan entre la maraña de nuevas propuestas.

¿Cómo lograrlo? A través de un sistema y metodología que posibilite esa captación de ideas a gran escala, evitando una presión excesiva en su gestión que pueda llevar a la organización a caer en el estatismo.

Dicho esto, ¿dónde poner entonces el foco?

  • Foco en la estrategia: todos aquellos colectivos que participan de la ideación en una organización deben conocer su estrategia. Cuando hablamos de programas internos de innovación, el uso de comunidades abiertas a la participación del empleado hace posible alinear esa participación a gran escala con los objetivos del programa.
  • Foco en la participación: para alumbrar el mayor número de ideas con la máxima agilidad. El uso de las comunidades de innovación extiende la participación a un 24/7 al no restringirla a una silla de oficina, sino al chispazo de creatividad del empleado, en cualquier momento u hora.
  • Foco en las ideas de calidad: muchas organizaciones utilizan mecanismos para recoger ideas de sus empleados, como los clásicos buzones o simples formularios. Por contra, no siempre se centran en la gestión de las ideas, con lo que el proceso comienza y termina en su recogida, sin que se procesen sus resultados. Las comunidades de innovación sí permiten esa gestión a la dirección, con herramientas propias para ello, y el apoyo del conjunto de empleados participantes, que colaboran a menor nivel al votar, comentar o co-crear las ideas (crowdsourcing).
  • Foco en el scouting: para garantizar que las buenas ideas no se pierdan o no alcancen la visibilidad deseada (el ‘efecto Kodak’ reseñado). En las comunidades de innovación todas las ideas son visibles y evaluables por la organización, y es más fácil acceder a un portafolio de buenas ideas.
  • Foco en el cambio cultural: finalmente, la apertura de la innovación a todos los empleados inspira un modelo de trabajo basado en la colaboración, transparencia y ausencia de miedo a innovar (no hay ideas, a priori, malas). También ayuda a combatir los llamados ‘anticuerpos de la innovación’, generalmente mandos intermedios que, por recelos, pueden bloquear las ideas de sus colaboradores.

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